viernes, 4 de julio de 2014



Por José Padilla Valdivieso 




Un momento de la excursión en el faro de Cabo de Gata
© José Ángel Rodríguez

El domingo 15 de junio tenía lugar una excursión guiada de la Asociación Proyecto Sierra de Baza al Parque Natural Cabo de Gata, que contó con una treintena de participantes y la estimable compañía de la guía local Ana Martínez Martínez, que nos estuvo  acompañando y  dándonos explicaciones a lo largo del recorrido. Las experiencias y valoraciones, de uno de nuestros compañeros, que asistió a esta excursión, José Padilla Valdivieso, es plasmada en estos apuntes cronológicos, que nos pasa de esta jornada de campo por el Cabo de Gata:

Se salió de Baza a las 8:20 h. de la mañana en dirección Almería y pasando por Guadix. En Dólar desayunamos y después llegamos sin hacer paradas a Cabo de Gata, entrando como estaba previsto por el Retamar.
Conforme íbamos avanzando pudimos ver a la derecha la playa, y a la izquierda las salinas.  Ana Martínez Martínez, nuestra guía, nos iba informando desde el autobús o sobre el terreno de muchos detalles que, de haber ido solos, hubieran pasado desapercibidos, por ejemplo, había una franja ancha vallada donde no se podía aparcar; la finalidad era dejar crecer unas plantas que con su entramado de raíces no dejaban que el aire se llevara la fina arena de las dunas del litoral. También vimos una antigua plantación de pitas. Ana nos explicó que las querían para explotar su fibra haciendo cuerdas y otros derivados, pero con el descubrimiento de las fibras sintéticas (nylon), la idea quedó en desuso. También había chumberas, de las cuales hacían ricas mermeladas. Está demostrado que estas plantas pueden vivir en terrenos desérticos, pues sus hojas gruesas y carnosas le sirven de reserva de agua para aguantar largas sequías.  

Salinas del Cabo de Gata



Flamencos en las salinas de Cabo de Gata
© José Ángel Rodríguez

Volvimos los ojos a las primeras tablas de las salinas que, según Ana, se alimentaba desde la época romana por un túnel subterráneo por donde tomaban agua del mar aprovechando las corrientes de aire que se producen por razones atmosféricas (hoy el uso de motores se alterna con esta técnica). Al empezar la subida, pudimos ver una antigua mina de plomo. Más adelante, la carretera se estrechó peligrosamente, sobre todo porque íbamos bordeando un acantilado de gran altura. La verdad que este tramo peligroso se podría hacer más seguro con un semáforo que regulara el orden de paso para evitar cruzarse dos vehículos. Llegamos bien al Arrecife de las Sirenas un lugar de especial interés geológico e histórico. Geológico porque se puede contemplar desde el mirador las rocas volcánicas. Además, en la casa de la cantera las chimeneas formadas por lava cuarteaban la roca que, al enfriarse, formaban adoquines hexagonales que los romanos utilizaban para hacer calzadas. Históricamente, la costa estaba amenazada por piratas que saqueaban todo lo que podían. En época de Felipe II se hizo un red de torres vigía, pero su guardia no supo organizar bien su defensa, solo a la llegada de Carlos III  se reparó este error contratando hombres más preparados. 

Arrecife de las Sirenas


Panorámica del Arrecife de las Sirenas desde el faro de Cabo de Gata
© José Ángel Rodríguez

En cuanto al nombre del Arrecife de las Sirenas proviene de una leyenda originada entre los hombres que vigilaban en las noches de invierno. Éstos escuchaban, mezclado con el sonido del mar, los sonidos que producía la foca monje, que en aquellos tiempos existía en esta zona. Estos hombres, aunque sospecharan que se trataba de focas, preferían pensar que eran sirenas para vencer su miedo a lo desconocido. También estuvimos fotografiando el peñón de anidamiento de las aves marinas.
Ya de regreso, hicimos una parada en las Salinas del Cabo de Gata, para visitar uno de los observatorios de aves de las salinas.  Abundaban los flamencos, que se movían en grandes grupos por las aguas bajas, removiendo los limos de los fondos en busca de alimento, Ana nos dio una explicación ‘in situ’ de cómo la naturaleza dota a estas aves de zancas especiales adaptadas a la profundidad del agua y de unos picos especializados para comer  seleccionando lo que encuentran en las charcas. Nos puso como ejemplo de estas aves adaptadas a las salinas y a su fauna al flamenco rosa, la avoceta o el pato cuchara.


Comida en la Isleta del Moro


Un momento de la comida
© José Ángel Rodríguez

Volvimos a tomar el autobús dirigiéndonos al pequeño pueblecito de Cabo de Gata llamado La Isleta del Moro. Por la carretera pudimos observar estas tierras áridas donde sólo pueden vivir plantas adaptadas a este clima. Pasamos por dos montículos gemelos, los Picos de los Frailes, a los que los nativos del lugar les llaman Las Teticas de los Frailes, por su simétrica forma de pechos femeninos. Aproximadamente a las 14 h. llegamos a la Isleta del Moro. Dimos una vuelta por el pueblo mientras llegaba la hora de la comida, que fue en el Restaurante La Ola. La comida estuvo bien y más aún el ambiente de amistad entre nosotros. Desde la segunda planta del restaurante se veía muy cerca La Isleta del Moro que le había dado nombre a este pueblo. Según la leyenda, hace muchos años vivía un árabe en la isleta, el llamado Moro Arráez y cuentan que tenía un tesoro escondido.  Mientras, sentado en la mesa saboreando un trago de cerveza, no sé por qué  motivo las gaviotas sobrevolaban la parte superior de la Isleta del Moro. Quietas, sin esfuerzo físico alguno, flotaban en el aire gracias al viento que venía del mar. Me pareció que disfrutaban orgullosas de ese poder que les da la naturaleza..



Vestigios mineros de Rodalquilar


Después de la comida continuamos hasta la última parada del viaje, la visita al pueblo minero de Rodalquilar, donde están las instalaciones mineras de oro y la duna fósil del Playazo. Según datos de Ana, aun cuando esta minas eran conocidas y explotadas desde la antigüedad, para la extracción de plomo, en el año 1883 se descubrió oro en la mina “Las Niñas”, situada en el barranco del Lobo, a menos de un kilómetro del pueblo de Rodalquilar. La explotación industrial del oro comenzó en el año 1916, y estaba  dirigida por ingleses, los que dejaron en el pueblo importantes muestras de su arquitectura tradicional, como la iglesia o un campo de fútbol. En el año 1940, tras la Guerra Civil Española (1936-1939), todas las minas de la zona fueron nacionalizadas, hasta que en 1966 el INI, por medio de su empresa Adaro, cierra las minas de oro que poseía en el pueblo, .dejando de funcionar. Nos contó Ana que el motivo del cierre definitivo de todo el complejo minero se debía a la bajísima rentabilidad de la extracción. A pesar de que todavía quedan cantidades de este metal precioso, su concentración en la roca era tan baja que no hacía rentable el trabajo en este lugar. Se calcula que en los últimos años, de las minas de Rodalquilar, se estuvo extrayendo 5 gramos de oro por tonelada, lo que no lo hacía rentable.
 Una excursión muy amena donde pudimos experimentar que Almería no se ha estancado; rentabilizó el desierto de Tabernas, ya conocido en el mundo entero por servir de escenario a numerosos rodajes, especialmente de ‘espagueti western’, el aprovechamiento de su clima templado para producir hortalizas que abastecen a buena parte de Europa o la puesta en valor de sus parques naturales y monumentos históricos.
Ya de regreso, y mientras ascendíamos en dirección a Guadix por la A-92, tuvimos ocasión de divisar a lo lejos, en lo alto de la Sierra de Los Filabres, el observatorio astronómico de del Calar Alto, construido con fondos europeos en un enclave especialmente propicio para la observación de la bóveda celeste.

El autor de esta reseña cronológica, José Padilla Valdivieso
© José Ángel Rodríguez

sábado, 31 de mayo de 2014

   Como siempre, intento informaros de los lugares a visitar más significativos del Altiplano de Granada, pero si queréis una información mas precisa podéis solicitármela a mi e-mail: ferroturbaza@hotmail.com
             LUGARES DE MAS INTERÉS EN EL ALTIPLANO
   Museo arqueológico de Baza – Centro de interpretación Dama de Baza-Baños árabes de Baza.
Museos de Huéscar y Orce –Castellón Alto de Galera – Museo del esparto en Castillejar-Centro de interpretación de Dólmenes de Gorafe.

   En esta ocasión os presento el relato “Manuel”, de mi libro Vidas de Antaño, correspondiente con el mes de junio cuando empezaba la siega. Un trabajo muy duro en la década de los cincuenta y muy mal pagado. Con el tiempo todo se olvida y en homenaje a esta generación casi perdida y que tanto sufrió dedico este relato intentando que aquellas experiencias vividas no caigan en el olvido.

                                                                  MANUEL

    Entre cabras, gallinas y cerdos se crió Manuel. La sierra de Baza, con sus inviernos largos y fríos y sus veranos cálidos y frescos fueron el entorno de su niñez. Lejos quedaba la ciudad y sus padres le dieron la educación que pudieron con sus escasos conocimientos.  Manuel era un niño aislado y sin amigos pero no por ello menos feliz. Por eso en sus juegos siempre intervenían sus animales favoritos.
Desde muy pequeño se había interesado por todo lo que sucedía a su alrededor y ya comprendía muchos milagros de la naturaleza; veía venir al mundo cabritillos, ,pollitos o cerdos o se distraía contemplando las hormigas  que hacían en verano su recolección de trigo y otras semillas andando por sus caminos, llenando sus graneros  y protegiendo sus casas-hormiguero con un cráter de tierra alrededor del agujero. También sacaban el grano al sol cuando una tormenta lo mojaba o detenían su germinación cortando el brote, que intentaba vaciar el grano.
  Con siete años, Manuel ayudaba a sus padres guardando cabras y evitando así que se extraviaran o que comieran las hortalizas de la vega o los arboles pequeños en su primer verdor. Una de estas cabras era como su segunda madre porque Manuel, cuando sus padres no lo veían, llamaban a “Valenciana”, que así se llamaba, se tumbaba en el césped del prado y la cabra acudía. Entonces Manuel chupaba de sus pezones hasta saciarse de leche. Después Valenciana se iba tan contenta de haber descargado su hinchada ubre.
     En una ocasión, una cerda trajo al mundo siete cerditos, uno de los cuales nació muy pequeñito y sus hermanos le empujaban y no le dejaban chupar de la teta, por lo que al día siguiente el cerdito apareció apartado del resto, inmóvil y con los ojos cerrados. Como no respondió a los zarandeos ni al agua fría los padres de Manuel lo tiraron detrás del cortijo para que sirviera de alimento a los perros. El niño Manuel, que sabía poco de violencia y mucho de amor, sin que nadie lo viera fue a ver al diminuto animal comprobando que aún le quedaba un hilo de vida.
    A escondidas de sus padres se llevó el cerdito a los establos y lo abrigó en un pesebre con paja y unos trapos como si fuera un niño.         Después ordeñó leche de la cabra y metió varias veces su trompa en el tiesto de leche logrando que bebiera un poco. Como no se movía, lo dejó descansar y repitió la operación durante la tarde consiguiendo que bebiera cada vez más. Al día siguiente, aunque el cerdito no andaba, empezó a gruñir y a mover la cabeza. Cuando se retiraba un poco del cortijo se escondía al cerdito en el pecho y se contenía las cosquillas que le provocaba su trompilla helada.
   Pasaron los días y el cerdito se recuperó de tal manera que ya no había forma de sujetarlo y tomó tanto cariño al niño que lo seguía a todas partes. Manuel le puso por nombre “Merengue” por el tono blanquecino de su piel y la dulzura de su compañía. Cuando los padres se enteraron se quedaron admirados con la acción de Manuel.
   Merengue se hizo grande, más que sus hermanos de camada, y se salvó de ser sacrificado porque toda la familia acordó de dejarlo para semental o verraco.
Los años pasaron y Manuel creció y tuvo la oportunidad de asistir a las clases nocturnas que gratuitamente impartía un instituto del pueblo y pudo convivir con otros chicos de su edad, algo especial para vencer su enfermiza timidez. Aunque a simple vista parecía otro estudiante más, Manuel era distinto; seguía impregnado del aroma de los montes, de la sencillez de sus padres y vecinos y de la convivencia con sus animales, de los que había aprendido mucho.
   Muchas veces se preguntaba mirando el horizonte qué habría detrás de aquellas montañas. Manuel desconocía que detrás de aquellas montañas había otras y otros valles, mares, y gente con problemas y alegrías, con amores y desamores, como en todas partes, pero esto había que vivirlo. El afán aventurero es normal en la juventud, sobre todo cuando nunca se ha salido del lugar en que se vive. Así que Manuel se fue con sus tíos a la costa, donde había más oportunidades, y pronto empezó a ganar dinero.
   Manuel era una persona sencilla y sociable que confiaba en todo el mundo y esto le provocó numerosos desengaños. El esquema amoroso que tenía formado en su cabeza se rompió en mil pedazos al compararlo con la realidad que se encontró. Él era hombre de una sola mujer a la que respetaría, como ella a él, durante toda la vida, algo parecido a los compromisos que se imponen los novios al contraer matrimonio.
   Manuel vivía bien con sus tíos en Benidorm en una casa con huerto, desportillada y casi oculta entre grandes edificios. Tenía rosales, plantas de jardín, naranjos y limoneros que Manuel cuidaba por las mañanas antes de irse al trabajo, lo cual le venía bien, porque estaba  acostumbrado al campo y le distraía. Uno de los edificios colindantes era de apartamentos turísticos y una mañana que Manuel trabajaba en el huerto salió de la terraza de la primera planta una chica que le saludó.  Era una española que estaba de vacaciones y era muy bonita y simpática. 
   Desde aquella mañana Manuel empezó a charlar con ella todos los días. Lo bueno o lo malo del caso fue que a partir de ese día, cuando la vecina sentía que Manuel estaba en el huerto, salía a la terraza a charlar con él. Se notaba que saltaba precipitada de la cama echándose un camisón de seda por los hombros para el fresco de la mañana y salía a saludarlo, pero debajo sólo llevaba unas braguitas que se hacían un cordón entre sus muslos desplazándose a uno u otro lado y dejando ver por entregas el triángulo de los deseos. Manuel era un joven tímido y asustadizo, por eso evitaba mirar hacia arriba, y cuando lo hacía, esa imagen se fijaba en su mente como una película fotográfica que se revelaba en soledad de su cuarto y que no le dejaba pegar ojo.
   La española era muy bonita y liberal y Manuel la veía salir por las tardes con distintos amigos; no quería enamorarse de ella porque no admitía ser “segundo plato” de nadie y sufría al contener su forma de ser, su concepción posesiva del amor. Para hacernos una idea, Manuel no entendía que a un hombre no le gustara una mujer bonita y hasta creía que  los gays no existían. Por todo ello, aunque Las noches de Benidorm  suponían una tentación para alguien joven como él, no aceptó salir de marcha con su vecina. 
   En otra ocasión, un amigo de su padre que trabajaba de conserje tuvo que someterse a una delicada operación quirúrgica y buscó a Manuel como sustituto mientras se recuperaba. Manuel aceptó y recibió escuetas instrucciones  del funcionamiento y las responsabilidades de su nuevo trabajo.
En uno de los apartamentos vivía otra bella española, ésta de unos treintaicinco años, que pronto hizo buenas migas con Manuel; al ir o volver de la playa siempre le saludaba o se paraba para intercambiar unas palabras. Un día le dijo:  - Manolo, tienes que repararme la persiana. Cuanto antes subas mejor.
   Aquella tarde Manuel cogió las herramientas necesarias y subió a realizar el trabajo.  Pulsó el timbre, notó que le observaban por la mirilla y la puerta se abrió. Manuel no pudo evitar el sobresalto al ver a la mujer sólo llevaba puestos los zapatos de tacón, que realzaban aún más su esbelta desnudez.
-Pasa Manolo, no te cortes, que tu eres de confianza. A mí es que en casa me gusta estar cómoda. Me siento más libre si no me cubre ningún trapo, y con este calor… Pasa por aquí.
Manuel estaba aturdido, nervioso, y no paraba  de sudar. Cuando no se le caía el destornillador se le caían los alicates. Trataba de centrarse en la persiana pero la mujer no paraba de pasearse por el apartamento limpiando el polvo de la casa con el plumero, deteniéndose en las zonas más bajas del mobiliario.
-Señora,- acabó por decir Manuel- no me encuentro bien. Otro día terminaré de arreglarle la persiana.
   Manuel no podía asimilar lo que le estaba pasando y más creía que la mujer quería ponerle a prueba o reírse de él que ligar, por eso agachó la cabeza y se marchó, dejando a la mujer con una pícara sonrisa.
   Manuel volvió al pueblo algo insatisfecho; no encontró su media naranja. Le gustaban mucho las chicas pero su posesividad le perjudicaba en un mundo  en que decir “mi mujer” o “mi hombre “ ya se consideraba egoísta. Visitó el cortijo de la sierra donde se crió y se sintió desolado al ver el terrible abandono del lugar. La casa estaba en el suelo y las acequias de la vega llenas de zarzas y juncos. Se subió a un cerro y, desde lo alto, divisó los lugares que diariamente había recorrido.
Y que ahora estaban abandonados; la Cañada de la Caldera, donde criaban  el trigo necesario para hacer pan todo el año, donde de niño, segaban los hombres en las tardes de verano. Manuel ensimismado en su tristeza, se sentó sobre una peña y miró hacia abajo recordando la penosa faena de los segadores. Su mente retrocedió en el tiempo buscando ese bullicio alegre que ahora eran sombras. Cogió lápiz y una pequeña libreta y escribió unos versos a esos hombres que tanto sufrieron.

                                       VERANO

                           Es mediodía, el sol abrasa.
                           El chopo del barranco
                           tiene inmóviles sus ramas.
                           Nada se mueve…
                            Estoy en un montículo
                            Y abajo en las cañadas
                            siegan los campesinos
                            bajo sombreros de paja.
                            Suben saltando romeros
                            cantares de chicharras
                            y allá en el fondo,
                            se ven las bestias atadas.
                            El pelo les echa fuego
                            mientras bregan amoscadas.
                            Más abajo está el "ato"
                            con la comida y el agua.
                            Cuánto sufren, señores,
                           los hombres de la cañada
                           segando por la comida
                           Cuánto sufren, señores,
                           o por una mísera paga.

                                                  José Padilla Valdivieso  (años sesenta)


RECOMENDACIÓN: Chico, tú que eres joven y tienes facilidad para entrar en Internet, si vive tu abuelo, por favor no dejes de leerle este relato. Observa su cara mientras lo haces… cómo se ilumina al sentirse identificado con esta época.   

jueves, 1 de mayo de 2014

     

  
       INFORMACIÓN DE ALGUNOS FESTEJOS Y FIESTAS DE LA ZONA
  
  En Baza, del 1 al 3 las Cruces de Mayo, en la mayoría de los barrios de la ciudad.
    Como siempre, la visita al Museo Arqueológico, al Centro de interpretación de La Dama de Baza, los Baños Árabes y el recorrido de la ciudad por el centro histórico. Los precios suelen ser muy asequibles para todos nuestros visitantes.
   En este mes de mayo propongo a todos los que vengan a nuestros alojamientos  ofrecerles gratis la visita al Centro de Interpretación de la Dama de Baza, situado al lado de la antigua Basti, como también “La Crátera”, un restaurante decorado con motivos arqueológicos, ya que está al lado de donde se encontró la Dama de Baza, el Guerrero de Baza e infinidad de piezas cerámicas de aquella época. Este restaurante rural está rodeado de viñedos y dispone de una terraza jardín y de bodega propia. Os invitaré a un vino con alguna tapa típica como pueden ser las migas.
   También todos los que quieran venir están invitados a la romería que se celebra en el Royo del Serval Gor. Entrada señalizada por la Venta de Vicario a unos 3 Km. de la A-92.
                                                                   Día 11 de mayo de 2014

                                   ACTOS A REALIZAR
A partir de las 10 de la mañana visita a la ermita a nuestra Virgen de Fátima.
A las 13 h. Santa misa en honor a nuestra Señora de Fátima, amenizada por los coros rocieros “Aires de Gor”.
A las 14 h. Tapeo y sangría para todos los asistentes.
A las 16 h  Romería desde la ermita al cortijo del Obispo y posterior retorno.
A las  18 h  juegos para grandes y pequeños.

  OS ESPERAMOS EN ESTE LUGAR SITUADO EN EL PARQUE NATURAL SIERRA DE BAZA ENTRE ENCINAS Y PLANTAS AROMÁTICAS.


 En este mes de mayo para los aficionados a la literatura os ofrezco el relato  “ EL SUEÑO DE LA ENERGIA”

                                                     EL SUEÑO DE LA ENERGÍA
  Como la televisión nos recuerda constantemente, el deterioro de nuestro planeta Tierra, la crisis del petróleo y el derroche energético que todos hacemos en mayor o menor medida, empecé a pensar en ello con tal empeño que, cansado, terminé por quedar profundamente dormido. Y en mi sueño, como Don Quijote, quería arreglarlo todo a mi manera.                Soñé que la situación se había agravado hasta límites insostenibles; el aire era irrespirable y multitud de partículas en suspensión impedían ver las montañas cercanas. El agua potable era escasa, Los acuíferos estaban agotados por no tomar a tiempo las medidas necesarias y muchos animales habían desaparecido de nuestros campos, rompiendo peligrosamente la cadena biológica.                                                                
   Los políticos habían perdido el interés por gobernar porque había poco dinero que administrar y muchos problemas que resolver. La gente había comprendido que no debemos nada a los gobernantes de cualquier signo, que todo es una farsa, una comparsa de carnaval, y sólo confiaban en los científicos, que sí podían aportar soluciones a tanto problema.                                                                                             Sólo a los científicos, ingenieros o inventores les debemos el estado de bienestar.  ¿Quién ha inventado esas cosechadoras que siegan media campiña al día? ¿Saben los jóvenes de hoy la esclavitud que esto suponía para muchos hombres de aquella época?  Los tractores agrícolas, las excavadoras, los camiones basculantes y otros tantos inventos fueron los que nos llevaron a la prosperidad.
En mi delirio onírico muchas cosas habían cambiado; por fin habían colocado unos limitadores de velocidad en todos los vehículos y algunos agricultores instalaban en sus tractores gasógenos de leña como en los años treinta.
     En esta época inconcreta de mi sueño era poco usual ver gente corriendo por los caminos, y los gimnasios estaban más activos que nunca porque no cobraban por sus servicios sino que pagaban periódicamente a sus clientes. La cinta corredora había sido sustituida por una especie de noria impulsada por el hombre que generaba energía como el resto de la maquinaria del gimnasio. Esta energía producida por los que querían mejorar su cuerpo pasaba a la red y, como era una energía limpia, el Estado la pagaba muy bien, y al mismo tiempo concienciaba a todas a todas las personas de lo importante que era no dejar luces ni ningún tipo de aparatos encendidos innecesariamente.   La conciencia del ahorro y de reciclaje también se notaba en las granjas de porcino, acondicionadas con digestores que transformaban los purines de cerdo en gas metano y los residuos sólidos en abono para los campos. Al ser autosuficientes, estas granjas presentaban la ventaja de no contaminar los alrededores con filtraciones a los acuíferos o emanaciones de insoportable olor.                                                              
   Las comunidades autónomas, ante una crisis tan profunda, aparcaron los sentimientos separatistas y se ayudaron mutuamente con fondos para pagar a investigadores que fueran capaces de sacarlos del bache energético.
   Ajeno a todo esto, pero inevitablemente vinculado, aparecía en mi ensoñación un hombre de pueblo, sencillo pero despierto. No tenía una azada al hombro como pudiera esperarse ni era la personificación del atraso, todo lo contrario; se paseaba en un artefacto de aluminio, un platillo volante cuya parte superior estaba cubierta de células fotovoltaicas que activaban un esfera o núcleo en su interior que creaba una fuerza centrífuga superior proporcionalmente a la fuerza gravitatoria que el planeta imponía, por lo que flotaba suavemente. Unas pequeñas turbinas cambiaban su rumbo o lo impulsaban hacia delante. Este autodidacta se nutrió de los conocimientos científicos necesarios, especialmente en física, electrónica y mecánica y tomando piezas de electrodomésticos desechados construyó su propio artefacto volador. Pero  no se contentó del todo este hombre excéntrico y gran observador de la naturaleza, si no que pasaba las horas muertas contemplando el vibrante vuelo de las libélulas en un viejo estanque para lograr volar en el futuro con artefactos basados en su vibración.
    Al final de mi sueño el planeta fue dejando atrás su débil latido de enfermo agónico; los acuíferos olvidados del mayor predador se fueron rellenando con las precipitaciones, algunas fuentes manaron agua de nuevo y también la lluvia o la nieve recuperaron su inmemorial protagonismo durante las estaciones frías. Nuestro planeta, aunque convaleciente y malhumorado, empezaba a darnos algunas satisfacciones.

                                                                                                         José Padilla Valdivieso


(Relato inédito de mi archivo  06-02-2008)   

sábado, 29 de marzo de 2014

                                       
                                                          Vírgen de la Cabeza de Zújar


 Programación de festejos abril de 2014    “Primavera”

Semana Santa de Baza del 14 al 20 de abril.
Romería Virgen de la Cabeza con subida al Cerro Jabalcón en Zújar el último domingo de abril.
   También en estas mismas fechas hay fiestas en Benamaurel y Cúllar con desfiles de moros y cristianos.
   Cuando tenía diecisiete años escribí un relato inspirado en esta romería que titulé  Parecía la misma mañana. Hoy lo hubiera narrado de otra forma pero respeto el momento en que lo escribí.
   En aquellos tiempos, mucha gente hacia promesas sufridas como subir y bajar las empinadas cuestas descalzos y, en algunos casos de rodillas, empleando para ello dos o tres ocasiones en sucesivas romerías. Siempre esta romería se ha celebrado el último domingo de abril. Hoy en día la fiesta está muy bien organizada y, si madrugas, puedes subir en coche hasta cerca de la ermita, punto más alto del recorrido. Vale la pena porque desde allí puedes contemplar un paisaje espectacular en todas direcciones, y es que el Cerro Jabalcón no está asociado a ninguna cadena de montañas, emerge de lo más hondo del valle y ningún obstáculo tapa la visión entre norte y poniente. A sus pies está el Pantano del Negratín, al Este la olla de Baza y debajo del cerro los baños termales de Zújar, conocidos desde época romana y famosos por su aguas curativas.  Este año se han inaugurado los nuevos baños termales, en sustitución de los antiguos, que quedaron inundados por las aguas del pantano. Al lado está el hotel rural Alcanacia. Un día allí comí un plato típico de esta zona; “gachastortas”, y os puedo decir que estaban muy buenas y me vinieron a la memoria tiempos pasados.
   En esta semana festiva no sólo tenemos fiestas en Zújar sino también en Benamaurel y Cúllar, con sus espectaculares desfiles de moros y cristianos. En Baza destacan los pasos de su Semana Santa, donde los costalero aúnan esfuerzos para que todo salga bien  “OS ESPERAMOS”


                                        PARECÍA LA MISMA MAÑANA

   Los cohetes explotaban y su estruendo rebotaba de roca en roca hasta descender a las últimas peñas de Jabalcón, cerro situado al Noroeste del Altiplano de Baza y muy cerca de Zújar.  La mañana era fresca y serena en aquel último domingo de abril de 1954.  Era el día de la romería en honor a la Virgen de la Cabeza y quedé con unos amigos para subir al cerro. La costumbre era subir a la ermita  a la “Chiquitilla”, como la llamaban cariñosamente los lugareños, para después de la misa en la ermita descender con ella hasta el pueblo.
   Nos mezclamos con la muchedumbre, que a pie o a caballo, ascendían las empinadas rampas hacia la ermita de la cumbre. Canciones, risas y conversaciones típicas fluían de las bocas de los jóvenes como una fuente de inagotable alegría. Varios mendigos, pertrechados a los lados del camino, pedían la voluntad a los fieles de la romería.
   Algo llamó mi atención y me quedé atrás, perdiendo de vista a los amigos que me acompañaban. Una joven subía de rodillas sola, sin compañía que le hiciera más llevadero el cumplimiento de su promesa . Seguramente esta penitencia se la ofrecía a la Virgen por haber salido bien parada de algún contratiempo, como era costumbre. Su rostro era bonito y gracioso. Todo en ella destilaba pureza; su blanco ropaje o su rubia melena, que jugaba con la brisa de la mañana. Me acerqué y le pregunté bobamente que si sufría mucho. “Poca cosa”, contestó con una leve sonrisa. Entonces le pregunté por su familia y amigos o si es que quería cumplir la promesa en soledad y su rostro se entristeció. Vaciló unos segundos y después asintió con la cabeza. Por la cara que ponía me di cuenta de que mis preguntas eran inoportunas así que cambié de tema tratando de alegrar un poco aquella conversación.
   La muchacha daba muestras de cansancio y algunas gotas de sangre manchaban las almohadillas que llevaba puestas en sus rodillas. Me dio pena y traté de convencerla para cumplir la promesa por ella. Me agradeció el ofrecimiento y me dijo que eso no era posible. Seguí acompañándola intentando de animarla y al llegar a las peñas llamadas  “Dientes de la Vieja” nos detuvimos.
  - Vas muy fatigada. Deberías dejar a la mitad la promesa para otro año. Eso voy a hacer, -dijo poniéndose de pie, - y agradezco mucho tu compañía.
   - Dime al menos tu nombre.
   - Me llamo Felisa, pero me dicen Felicita.
   Las voces de mis amigos interrumpieron la conversación. Me llamaban mostrando una bota de vino.
-  Vuelvo enseguida.  -le dije mientras me miraba como pidiendo que no me fuera, y cuando llegué hasta el grupo y me di la vuelta,  ella había desaparecido.  
    Algo me dijo ya entonces que no la encontraría en la ermita ni en el camino de regreso tras la misa, pero no por ello dejé de buscarla. Llegado a un punto, las palabras y carcajadas de mis amigos me parecieron ecos lejanos y sentí necesidad de ausentarme. En la bajada encontré muchos grupos que hacían altos en el camino pero en ninguno de ellos brillaba su melena dorada ni sus blancos ropajes.
   Todo un año duraron mis dudas: ¿Quién sería aquella chica? ¿Por qué no la encontré después de haberla buscado tanto? Apenas habíamos cruzado unas palabras, pero su recuerdo se instaló en mí con ansias de eternidad.
   Al año siguiente por fin llegó la deseada romería. Las canciones y risas volvieron de nuevo entre las rocas olvidadas. Todo estaba igual, parecía la misma mañana que conocí a Felicita. Subí despacio la cuesta y al llegar a una piedra llamada los “Dientes de la Vieja”, me senté bajo  ella. Allí, a mitad del trayecto, esperé un buen rato. La Virgen  subía rodeada por la muchedumbre. Pasó y me quedé con ganas de acompañarla. Un poco retrasada venía una señora mayor toda vestida de negro. Subía andando sola y al llegar a la piedra, se puso de rodillas y empezó a subir lentamente. Me fijé en ella detenidamente y pude comprobar que su semblante y sus ademanes me recordaban mucho a los de Felicita. Me acerqué y le pregunté: 
 - Señora, ¿no le parece muy dura la promesa?
    Entonces levantó la cabeza y me contestó:  
 -  Sólo he venido a terminar de cumplir una promesa. -y siguió avanzando penosamente con sus rodillas.
    Al mirar su rostro un horrible presentimiento me hizo de nuevo preguntarle:
- En este mismo sitio conocí una muchacha. Me dijo que este año vendría a terminar de subir la cuesta… Era muy guapa y se llamaba Felicita.
 - ¡Mi hija! -exclamó la mujer levantándose y llorando desconsolada.-¿Es que usted la conocía? Ella no ha podido venir a cumplir lo que tenía prometido… La pobrecita ha muerto.
-  Sí la conocía.  -contesté absorto y consternado por la noticia.
   Consolé como pude a la señora, me despedí de ella y descendí lentamente del cerro. Los ecos de la algarabía, amplificados entre las rocas, fueron perdiendo fuerza conforme me alejaba hasta hacerse murmullos que creí venidos de otro tiempo. Como en los sueños, nada era exactamente lo que parecía y el dolor y la alegría se mezclaron entre la muchedumbre enfervorizada en un moteado impresionista que resbalaba sobre el serpenteante camino. Las voces de mis amigos llamándome me sacaron de mi abstracción. Uniéndome a ellos  Me uní a ellos recobré un poco la alegría.  
                                                                                                                      

                                                                                                                  José Padilla Valdivieso 

miércoles, 12 de marzo de 2014

                                    
                   
                                 Pasarela (río Castril)                    


   En este blog os iré informando de todos los eventos de la zona  y fiestas locales del Altiplano. Lo típico en esta temporada es visitar los vinos del país. Esta tradición consiste en unos locales tradicionales que abren unos cinco meses al año para vender sus vinos jóvenes, elaborados de forma artesanal. Suelen acompañarse de platos como arenques con tomates, careta o chicharra. Esta tradición popular es muy antigua en Baza.
  



 Cata de vinos del país (Plaza Mayor)
  Vinos del país Viña Baza


 Todos los meses en mi blog os ofreceré un nuevo relato de literatura popular inspirada en de hechos acaecidos en el Altiplano de Granada. En este mes de marzo en que termina el invierno os presentaré el relato:

                                                       El invierno de Fahima   

   Las nubes pasaban ligeras en aquel día que mi amigo recuerda remotamente. El frio invierno se hacía sentir y sólo de vez en cuando los rayos del sol lograban sobrepasar aquel cielo triste y oscuro. Era 1953 Juan tenía dieciséis años y vivía en un cortijo a dos kilómetros  del pueblo. Faltaban quince días para la navidad. Era día de mercado en el pueblo y sus padres habían ido a vender pollos, huevos y conejos para poder comprar alguna ropa de abrigo y calzado.                                              
    El perro empezó a ladrar y Juan miró hacia la vereda, observando que se acercaba una mujer con un perro y un asno de reata. Cuando estuvo más cerca comprobó que se trataba de una mujer joven. Tenía aspecto de cíngara o de bohemia, por sus cara y sus formas de vestir; falda larga, pelo largo y negro a juego con sus ojos, grandes y negros, y con un gracioso lunar en la mejilla. Era de una familia de nómadas que habían acampado en los arrabales del pueblo. Llevaban tres tartanas tiradas por asnos y hacían trabajos de orfebrería,  entre otras labores, que cambiaban por alimentos para poder subsistir. La muchacha se acercó hasta donde estaba Juan y le dijo: -¿No tienes un poco de paja para mi asno? El pobre está muerto de hambre.
    El asno, con gran calma, parecía afirmar con el movimiento de su cabeza lo que la chica decía.  Juan lo acarició y palpó los huesos del animal bajo su abundante pelaje.  El perro de la chica también  le miraba pidiendo comida,  sin hacer caso de la perra de Juan, que quería jugar con él. La chica miró el semblante de sus criaturas y guardó silencio como avergonzada.
  Juan comprendió la situación y le dijo que se podía resguardar del viento en el chozón, que era el lugar para guardar los aperos de labranza y donde su madre desgranaba maíz, partía almendras o hacia otras faenas agrícolas para no ensuciar su casa.  Juan tenía miedo de que sus padres volvieran pronto y por eso no invitó a la chica a calentarse en la chimenea de su casa, temía que le regañaran por dar cobijo a una desconocida.  Fahima, que así se llamaba la chica, se refugió con el asno y el perro en el chozón y Juan entró al poco con una espuerta llena de paja y cebada para que comiera el asno, que nada más  ver la comida abrió unos grandes ojos y comenzó a resoplar. Juan volvió a acariciar su lomo esquelético mientras él comía con avidez y movía el  rabo en señal de agradecimiento.
  Juan fue de nuevo a casa y volvió con un plato de chorizos, tocino magroso, pan y un porrón con vino de su cosecha. Lo colocó todo sobre una mesa de matanza e invitó a Fahima a sentarse a la mesa. Juntos comieron, no sin cierta desconfianza de Fahima, que no entendía el motivo de tantas atenciones y temió que Juan quisiera cobrarse de alguna forma deshonesta, pero conforme pasaba el tiempo y miraba a Juan hablar con la mayor inocencia esos temores fueron desapareciendo. En la mesa Fahima aunque mostraba cierto pudor, no lograba ocultar su gran apetito, y era cosa curiosa ver unos labios tan delicados engullendo a tal ritmo el tocino o el chorizo. Los perros también querían participar de la comida y estaban nerviosos pero Juan los fue calmando tirándoles pan y cortezas de tocino y formaron parte del ambiente extrañamente feliz que se vivía.
  Bebieron unos tragos de vino y las miradas de los jóvenes se cruzaron. Mientras, como un milagro, el sol apartó las nubes y bañó con su cálida luz aquella escena del incipiente amor entre dos adolescentes.
Después de la comida Juan le enseñó las figuras de barro que estaba preparando para el belén. Solo tenía la de la Virgen, las demás se las modelaba él mismo con arcilla porque no tenía dinero para comprarlas. Las secaba en el chozón, las cocía en el horno y después las pitaba. Le enseñó el niño Jesús y lo puso en las manos de Fahima para que contemplara aquella preciosidad. Al hacerlo, las manos de Fahima y Juan se unieron sosteniendo al niño. Fahima ya no pudo más y rompió a llorar desconsolada. Su vida era una tragedia;si seguían las cosas así, su enferma madre no podría resistir aquel invierno y los burros no tenían fuerzas para tirar de las tartanas hasta la costa, que era más cálida . Aquella gélida noche dormirían todos juntos para darse calor en el interior de las tartanas. Juan muy afectado por la historia de la muchacha, tomó una vieja funda de colchón y se la llenó de paja para los otros asnos, junto con un buen talego de cebada para que les pusiera pienso a todos Se estaba haciendo tarde y se despidieron. La pequeña Fahima abrazó a Juan, que casi rompe a llorar de la impresión de sus palabras. Solo un roce en los labios  y después un escalofrío al separar sus cuerpos. Se alejó Fahima con su asno y su perro por la misma vereda por la que había llegado. La tarde iba cayendo y Juan la fue siguiendo con la mirada hasta desaparecer entre los olivos. Aquella noche no pudo dormir y a la mañana siguiente fue al arrabal para descubrir que el lugar estaba desierto; los acampados se habían marchado.
Nunca supo más de Fahima y nunca pudo olvidar aquel invierno. Me pregunto cómo es posible que Juan recuerde esta sencilla aventura, cuando él en su vida ha conocido íntimamente a muchas mujeres. ¿ Que tenía Fahima para recordarla después de tantos años?
Mi amigo Juan, que sabía que me gustaba escribir relatos, me contó esta historia por si la podía aprovechar: Tambíén me decía que todo había cambiado mucho, que la navidad era distinta; ya el belén no se ponía en muchos hogares y Papá Noel cada año escalaba más fachadas, desplazando nuestras costumbres.

                                                                                                                       José Padilla Valdivieso       

lunes, 10 de febrero de 2014


Quisiera daros la bienvenida a mi nuevo blog donde iremos escribiendo noticias sobre nuestros Alojamientos Rurales www.ferrotur.es , artículos populares sobre la comarca de Baza y como no, relatos presentes y pasados de mi vida.




Os abro las puertas de este ricón del Altiplano de Granada.

Pepe. Gerente de Ferrotur